¿Qué comen las mantis religiosas?

Las mantis religiosas son un tipo de insectos pertenecientes a la familia Mantidae o mántidos. Se les conoce como “mantis religiosas” por la posición de sus patas delanteras, que están dobladas y juntas en un ángulo que recuerda a la posición de oración.

Pueden tener distintos colores: verdes, marrones o grises. Tienen actividad diurna y son grandes cazadoras. Usan sus patas delanteras para atrapar a sus víctimas.

Alimentación

Insectos, polillas, lagartijas y ranas pequeñas son alimento habitual de la mantis. Las atrapa y las devora completamente.

Para ello es capaz de mantenerse totalmente inmóvil durante largas horas, acechando a sus presas para cazarlas en el momento adecuado.

La mantis posee una gran visión que le permite observar a otros insectos que se acercan a ella mientras permanece inmóvil pasando totalmente desapercibida. Le basta un ágil movimiento de sus patas delanteras para sorprender a su víctima.

Durante años se tenía la creencia de que estos insectos eran depredadores de los cultivos, pero ahora se conoce que, por el contrario, cumplen un papel muy beneficioso, ya que colaboran en el control de plagas.

Características

Las mantis religiosas se caracterizan por su cuerpo delgado y su forma alargada, pudiendo medir entre 5 y 8 centímetros de largo.

La coloración del cuerpo es verde brillante o marrón, lo que les permite camuflarse perfectamente entre los árboles y plantas.

Tienen una cabeza con forma triangular, que puede girar unos 180 grados. Los ojos son grandes y tienen unas prominentes patas puntiagudas.

Las mantis religiosas son insectos solitarios que se aprovechan de su gran capacidad para pasar desapercibidas entre las plantas para tender emboscadas y cazar a los indefensos insectos que se cruzan en su camino.

Otra de las características más destacables de las mantis es que son caníbales, siendo la hembra la que devora al macho mientras dura el apareamiento o una vez finaliza.

Reproducción

El único momento en que hembras y machos se reúnen es en la época de apareamiento. La hembra atrae al macho a través de la segregación de feromonas.

Normalmente a final de verano o en otoño, la hembra deposita los huevos en una estructura llamada ooteca, la cual ata a las ramas de árboles o plantas.

Segrega una especie de espuma que se endurece muy pronto para proteger a los huevos hasta que se abran. Cada ooteca puede albergar entre 200 y 300 huevos.

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