¿Por qué los perros comen caca?

A lo largo de los años los perros se han ido domesticando, adaptándose a la vida cotidiana del hombre. De la misma forma, el ser humano ha tenido que aprender a convivir con algunas de las costumbres de los perros, como la ingesta de sus propias heces o las de otros animales. Esta costumbre, además de muy desagradable por razones obvias, resulta muy peligrosa tanto para la salud del perro como para la de sus amos.

Dos hipótesis, un resultado

Todos los animales muestran ocasionalmente sus comportamientos atávicos, es decir, aquellos que están programados en su información genética más elemental. Son comportamientos atávicos el cortar el cordón umbilical con los dientes tras el alumbramiento, o el marcar con orina tantos sitios como sea posible.

Esos hábitos son difíciles de eliminar, así como son difíciles de eliminar los instintos que tienden a asegurar la supervivencia de la especie. Los perros que viven en estado salvaje son carroñeros, por lo que alimentarse de cosas en estado de putrefacción es algo natural.

Se cree que el hábito de comer heces puede deberse a un comportamiento atávico. También hay quien cree que tiene que ver con que el animal identifica el desecho como una fuente inmediata de proteínas y minerales, igual que un animal muerto o la basura que los perros callejeros suelen robar.

¿Cómo combatir esa costumbre?

Lo primero a tener en cuenta es que un perro bien alimentado probablemente rechace comer heces, pues no debería tener hambre ni carencias alimenticias. Sin embargo, el comportamiento puede presentarse ocasionalmente y debe ser corregido para evitar que se convierta en costumbre.

Si comer heces se convierte en una costumbre más que en algo esporádico, una visita al veterinario es necesaria para determinar si el perro tiene alguna carencia o necesidad alimentaria.

Si es una conducta puntual, el perro debe saber que ese hábito no es tolerado por sus dueños. La mejor manera de conseguir que un perro sea obediente y no desarrolle malos hábitos es una educación responsable basada en el refuerzo positivo: incentivar las cosas que hace bien e ignorar las que hace mal.

Hay que tener en cuenta que los perros domésticos buscan, ante todo, la atención continua de sus dueños. Una reprimenda, desde el punto de vista del animal, es un rato de atención total de su dueño, por lo que lo único que se consigue es el efecto contrario (que el perro repita la acción para conseguir esa atención).

Reforzando las conductas positivas se logra centrar la vida cotidiana en lo que está bien hecho, ignorando y dejando de lado hábitos como el de comer heces.

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